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Ramón Lara: “Si Salvados es el periodismo en mayúsculas, qué mal debe estar el periodismo”

Ramón Lara

No intenten buscar información sobre el codirector de Salvados porque Google no le tiene pillada la cara. Ramón Lara me advierte por email que no tiene grandes teorías sobre el periodismo. Y sobre todo, como si fuera una horrible confesión, me advierte: “no soy periodista”. Ramón Lara es abogado, colegiado -puntualiza-. Ejerció 7 años. ¿Qué hacía? “Básicamente, desahuciar a gente que podrían haber sido mis padres”. Un día decidió colgar la toga y prefirió buscarse la vida por otro lado.

Pero su camino a la televisión empezó casi una década antes. El día que fue a pedir información sobre la Prestación Social Sustitutoria en la asociación de vecinos de Cornellà, se cruzó con un chico imberbe y gafotas llamado Jordi, con el que escribió sus primeros guiones un verano en Radio Cornellà.

Google no lo sabe, pero Ramón Lara es de hecho un poder mediático en la sombra -una sombra proyectada por Jordi Évole-, cosa que parece traerle sin cuidado. Me cuenta en el polígono de Sant Just donde está la redacción de Salvados –y donde veo una marea de camisas de cuadros-, que prefiere “no torturar a media humanidad” con sus pensamientos, que por eso no está en twitter. Pero durante la charla evidencia que es un hombre enérgico y contundente, de fuertes convicciones sociales y periodísticas, no siendo incluso… periodista. Se lo perdonamos.

P: Cuando veía Salvados siempre me fijaba en el nombre de “Ramón Lara” como codirector y me preguntaba quién era… Lo sorprendente es que Google no dice prácticamente nada de ti. ¿Es que no has querido ser entrevistado?

R: No, es que nadie lo ha pedido.

¿Nadie? ¿En serio? No lo entiendo…

(Risas) ¡Supongo que vivo totalmente eclipsado -y yo, contento- por Jordi Évole! Jordi Évole no da abasto. Y a mí, cuando algún medio me ha entrevistado, creo que el último fue el Diari de Mallorca, fue porque Jordi no estaba… El foco de atención lo tiene Jordi. Jordi es el mediático, es el conocido, es la estrella…

Ya, pero no sé que me diría Jordi Évole que no le haya dicho ya a otro antes… A mí me interesaba saber quién es Ramón Lara y su trabajo en Salvados. Leí que eres abogado de formación, ¿cómo llega un abogado a Salvados?

Sigo siendo abogado colegiado, aún no me han quitado el carnet. Estudié derecho y ejercí durante siete años. Me dedicaba al derecho inmobiliario, básicamente desahuciaba a gente de sus casas. Era un buen abogado, pero llega un momento en que tus propias contradicciones internas no te dejan vivir. Por el entorno del que yo provengo estaba echando a gente sin recursos, a gente que podrían haber sido mis padres. Un día me dije: “se acabó la contradicción, dejo esto y ya me buscaré otra cosa”.

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Pero conociste a Jordi haciendo la Prestación Social Sustitutoria, ¿no?

Sí, los dos somos de Cornellà. Siempre te recomendaban que antes de pedir una plaza te acercaras a ver si había alguna vacante donde te interesase hacerlo. Fui una tarde a hablar con el responsable de la Asociación de Vecinos y apareció un chiquillo imberbe con unas gafotas -porque en los noventa se llevaban unas monturas más grandes- que se quedó esperando su turno. Al cruzarnos nos presentamos, y luego volvimos a encontrarnos durante el tiempo de la Prestación. Él era estudiante de Comunicación Audiovisual -es unos años más joven que yo-, y yo estudiaba, Derecho. Era un tío muy inquieto. Su pasión era la radio. Admiraba mucho a Buenafuente y le gustaba el humor que hacían en El Terrat..

Por aquel entonces ya se había juntado con compañeros de facultad y Radio Cornellà le había dejado una franja en verano, creo que algo de máxima audiencia… (risas) Y me dijo: “A ti que te gusta tanto escribir, ¿por que no te incorporas? Por pasar el rato…”. Así lo hice. Escribimos los guiones, nos echamos unas risas en verano y volvimos a la Prestación. La acabé antes porque yo había empezado antes. Cada uno siguió con sus estudios y manteníamos esporádicamente el contacto. Jordi acabó la carrera y después de varios trabajos entró en El Terrat, que era su gran sueño.

Cuando dejé mi trabajo como abogado, estuve un tiempo dando clases y tumbos por ahí. Cada vez que hablaba con Jordi me animaba a enviar un currículum a El Terrat. “Ostia, tío, echa un currículum. Si haces un currículum gracioso que les guste, igual te llaman y te hacen una prueba”.

¿Aunque tuvieras un currículum que dijera que eras abogado inmobiliario?

Eso es exactamente lo que yo le dije. Yo les puedo escribir muchos chistes, pero si yo estoy ahí y recibo ese currículum me preguntaría ¿y por qué he de pillar a este tío? ¿Qué me va ofrecer? (Risas)

Pero en esos años, aparte del programa en Radio Cornellà, ¿habías seguido escribiendo? ¿Publicabas en alguna parte?

Sí, siempre me ha gustado, pero como una afición. Jamás publiqué nada. En ese sentido siempre he sido muy pudoroso. Nunca he creído que lo que escribía tuviera tanta calidad como para que debiera torturar a la humanidad con lo que a mí se me pasara por la cabeza. Es uno de los motivos por los que tampoco utilizo las redes sociales.

Ya he visto que no tienes cuenta en Twitter…

No, no tengo. No creo que lo que yo piense sea tan importante como para que tenga que iluminar a la humanidad con mis palabras. Creo que la gente debería pensar y escribir mucho; pero debería dosificar el publicitar lo que hace. Creo que hay una parte de ego que nos puede. Pensar que todo el mundo necesita el aliento de nuestras palabras, que son tan profundas y tan interesantes, que los otros necesitan oírlas… En ese sentido yo nunca he tenido ese defecto, quizá sea ya un defecto en sí mismo… De ahí mi poca visibilidad.

La cuestión es que dediqué un tiempo a hacer un currículum lo más llamativo y gracioso posible, lo envié, no hubo noticias, y al cabo de un tiempo, me llamaron. Para mi sorpresa me hicieron una prueba. Pasaron más meses sin respuesta. Pero finalmente me llamaron para hacer de guionista para un programa de humor que estaban haciendo para tv3.

¿Qué programa era?
Fent amics, el que sustituyó a La Cosa Nostra de Buenafuente en Tv3. No ha habido un antes y un después de aquel programa… (Risas) Tres meses después acabó la temporada y el programa, y yo me volví a mi casa pensando que fue bonito mientras duró. Pero me volvieron a llamar y hubo continuidad. He pasado por 16 programas como guionista, como coordinador de guión, como subdirector, como productor, como director… Subes o bajas dependiendo de las necesidades.

Pero sobre todo has hecho entretenimiento antes de llegar a Salvados, ¿no?

Sí, y Salvados es un programa de entretenimiento y de humor. Uno de humor donde hay un reportero gracioso, el follonero como se le llamaba entonces, secciones con infiltrados, donde se busca entretener y hacer reír. No era otra cosa. ¿Que cuando buscas entretener y reír había siempre un sustrato político, de intención? Sí, eso es cierto.

¿Desde el principio?

La elección de una campaña no fue algo gratuito. Se escogió la campaña porque se buscaba romper los protocolos típicos de las campañas. Hay toda una puesta en escena muy protocolaria a la que estamos acostumbrados y que en Salvados por la Campaña se intentó romper. El resultado era previsible, pero alguien tenía que hacerlo y nadie lo había hecho hasta entonces. Creo que Jordi consiguió hacer, de algo que es tremendamente tedioso y previsible, hacer algo divertido. Pero sí, siempre ha habido un sustrato político.

Del Follonero al Ondas

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Tu te incorporas en la segunda temporada, cuando el programa se hace semanal, ¿no es cierto?

Sí, Jordi me llama porque la experiencia le demuestra que él no puede estar dirigiendo el programa aquí, con lo que implica preparar a la vez la semana siguiente o lo que sea, y estar rodando a la vez. Y me pide que le haga de director cuando él no está, que es la mayoría del tiempo.

Esa evolución del programa del humor a contenidos serios, ¿fue algo premeditado o fue un cambio progresivo fruto del azar?

No, no se sabía. Hechos los dos programas firmados con la cadena, se acababa el experimento. Luego nos pidieron más. Era un programa de una periodicidad muy irregular, se emitía una vez al mes, iba a asalto de mata… Cuando Salvados se hace semanal a partir de la segunda temporada, tiene datos muy malos de audiencia. Era un programa que podía morir en cualquier momento. A medida que te has ido asentando has hecho lo que creías que te tocaba hacer.

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Hay una especie de clic en 2012 en vuestras audiencias, en las que pasáis de un 7-8% de media a un 13,5% en una sola temporada. ¿La crisis os lo puso en bandeja para hablar de cosas que estaban pasando y que nadie estaba explicando?

Sí, fue la crisis, pero nuestro punto de inflexión fue el 15M. Cuando se produjo el 15M en 2011 nosotros no teníamos programa. Se había acabado la temporada y nos dio mucha rabia no estar ahí. No obstante, decidimos que teníamos que hablar de lo que aquello significaba, de lo que se estaba reivindicando allí y del malestar que se puso de manifiesto en esa plaza. A partir de ese momento dejamos de viajar, y nos pasamos muchos programas solo en España. Aquí había mucho que contar.

Si la codirección de un programa de televisión fuera un matrimonio ¿qué tipo de matrimonio seríais Jordi y tu?

Si fuéramos un matrimonio bien es cierto que yo sería el que se queda en casa… (risas). Somos un matrimonio muy bien avenido… Es que nos conocemos desde hace muchos años y eso nos viene muy bien. Porque podemos estar en contradicción muchas veces y discutir mucho. Pero en última instancia siempre piensas que ese tío es tu amigo y que eso tiene que estar por encima de personalizar discusiones laborales. Y sé que él lo ve como yo. Eso ayuda, porque te da mucha libertad para decirle al que es tu codirector, pero de alguna manera también tu jefe, lo que piensas, aunque no coincidas con él. Y si tienes que decirle “esto lo has hecho muy mal” o “esto que has hecho es un error”, es importante tener la libertad para hacerlo.

Hay que decir que Jordi fomenta mucho el “critícame”. No es nada complaciente. Es muy duro con los demás pero sobre todo consigo mismo. En ese sentido es lo que más valoro de este matrimonio.

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Él es la única cara visible y la continuidad la da su cara. Yo sería incapaz de hacer lo que él hace y tampoco me apetece. A mí la cámara no me quiere (risas). Pero yo estoy encantado que él haga ese trabajo, porque además es muy bueno haciéndolo.

Y creo que lo que yo le aporto aquí, él no es tan bueno haciéndolo. Jordi es una persona intuitiva, instintiva, impulsiva… Muchas veces su olfato e instinto le funcionan, pero no es una persona ni metódica, ni ordenada, ni organizada. Esas no están entre sus cualidades, las otras sí: tiene desparpajo, tiene morro y es un tío que se enfrenta con mucha valentía a las cosas. Cuando tiene un entrevistado delante, le puede caer bien o le puede caer mal, pero lo deja en la puerta. Su objetivo no es “que no se me incomode”. Hay entrevistas en las que le ha costado coger y hacer la pregunta, pero la ha hecho siempre.

¿Qué línea editorial tenéis? ¿Qué os mueve? ¿Por qué unos temas entran y otros se descartan?

Cuando se están gestando los temas -pueden haber hasta 8 a la vez- no sabes cuál se acabará haciendo finalmente. Muchas veces no tienes al invitado que querías o una vez acabada la producción crees que lo que tienes no tiene la suficiente calidad como para que acabe siendo un buen programa.

Pero en cuanto a la línea editorial, lo que nos mueve es nuestra propia inquietud sobre lo que no entendemos. A mí me motiva mucho hacer programas porque tengo preguntas que me queman. Y quieres tener una buena explicación. Han salido programas como el de las Eléctricas que no se hacen con ánimo de denunciar, sino con el ánimo de entender. Es muy aburrido pensar un programa en el que ya tengas las respuestas, y por tanto estás en posesión de la verdad… Pues no, yo prefiero estar en posesión de la pregunta. No sé si es una línea editorial, pero sí que es un motor que mueve el programa.

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Pero tengo la percepción que tenéis una especial sensibilidad por mostrar temas que no tienen mucha visibilidad incluso si sabéis que nos os van a dar una gran audiencia.

Bueno, hemos hecho muchos programas, a mi entender buenos de los que me siento muy orgulloso y que no nos han dado una gran audiencia. Por ejemplo, el de la Ley de la Dependencia. Ese programa no hizo una buena audiencia. Pero yo me siento muy orgulloso de haber participado en ese programa. A mí me gustó esos testimonios, creo que fue muy valioso lo que esas personas estaban diciendo y mostrar cómo estaban sufriendo. Y decirle a esos señores que esos recortes, implica en el día a día de esa persona, esto: ese desplazamiento que no puede hacer, esa persona que tiene que dejar de trabajar para cuidar a su madre… Eso, cuando tienen un derecho reconocido por la propia administración. Es increíble que esto esté sucediendo… Pues claro que quiero darles visibilidad…

Y evidentemente que hay ideología en Salvados. La premisa nunca es neutral. Yo no creo ni en la objetividad ni en la neutralidad. Otra cuestión es que tu ideología te reste honestidad, eso es otra cuestión. Cuando te haces preguntas, esas preguntas no son pacíficas en sus respuestas, las preguntas tienen intención.

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Se suele decir que la forma de preguntar de Jordi es muy reconocible por la gente de la calle…

Cierto, si alguna virtud se le tiene que reconocer a este programa es que en la elección de los temas, en la forma de tratarlos y en cómo pregunta Jordi a sus invitados, podríamos decir que es algo cotidiano, algo muy normal. La gente se lo dice por la calle. En ese sentido somos quizá poco protocolarios. Pero no tiene mayor mérito porque no nos sale ser de otra forma. Es preocupante periodísticamente hablando que una persona pregunte normal y que te aplaudan por ello. Entonces, ¿ cómo hablan los demás?

Tengo la teoría de que Salvados se ha convertido en el nuevo Informe Semanal. ¿Os habéis convertido en un programa de una cadena privada haciendo funciones de televisión pública?

No lo sé. Pero que Salvados se haya convertido en el referente por el que algunos lo tienen, es realmente preocupante. Creo que ni por la cadena en la que estaba, ni por los datos de audiencia, ni por el hecho de ser una privada, que por tanto no tiene ninguna obligación de cumplir ciertos cánones de pluralidad o de servicio público… Pero que a pesar de ello, se haya convertido en eso, creo que dice muy poco a favor del periodismo en este país. Que este programa que nació en el fondo de una manera tan residual en la parrilla, de pronto lo hayan tildado como el periodismo con mayúsculas, dices: “¡qué mal debe estar el periodismo en el país!”.

No nos estamos inventando nada, los temas que trata Salvados no son inéditos. Había ya muchos tíos en Valencia escribiendo y publicando sobre el accidente del metro de Valencia, que fue hace 7 años. ¡Fíjate si llegamos tarde al tema! Más que pensar en el mérito de Salvados, es para preocuparse de que nadie haya cumplido esa supuesta función que ahora se atribuye al programa.

Pero en el caso del Metro de Valencia os asociasteis con una productora que hacía tiempo que trabajaba en el tema y pudisteis ofrecerles el poder que habéis ido ganando, en visibilidad e influencia.

Ese acierto lo tuvimos, pero la piedra la picaron otros. Nuestro equipo de redacción consiguió buenos entrevistados que ellos no habían conseguido. ¿Cuál fue nuestro mérito? Darle valor, pero esa gente estuvieron llamando a todas las puertas para que alguien les hiciera caso.

¿Es uno de los programas de los que te sientes más orgulloso?

Sí, mucho. Y me siento con independencia de que se haya reabierto la causa en Valencia o no. Yo me sentí emocionado y orgulloso esa misma semana cuando vi la plaza abarrotada de gente. Porque yo no sé si conseguirán una reparación legal o judicial pero el mayor problema de las víctimas es que nadie no les hacía ni puñetero caso. Que de pronto, cuando preguntes a la gente sobre el accidente del metro de Valencia, sepa a qué te refieres, con esto yo ya estoy pagado.

Fusión Atresmedia

En septiembre de 2012 Antena 3 se fusiona con La Sexta. ¿La entrada en Atresmedia supuso algún cambio para Salvados?

Más apoyo. Era una incertidumbre. Nadie tiene Antena 3 por una cadena especialmente progresista ni de izquierdas, y de pronto toma LaSexta que no corresponde a su perfil ideológico como cadena. Saber qué iba a hacer con LaSexta era una incógnita. Y apostaron por mantener su personalidad. Con lo cual a nivel de libertad, que podías pensar que ibas a empezar a recibir llamadas de todo lo que no les guste… Pero no las he recibido. Nos han dejado hacer.

Solo dos meses después de la entrada de Antena3 se emitió el programa sobre las Electricas. ¿El grupo os apoyó frente a las quejas de la Patronal UNESA?

Sí, totalmente. Yo me quedé sorprendido. Siempre me dijeron: “adelante, vamos a emitir el programa”. Nunca tuvieron ni una sombra de duda. Pero a ver, cuando haces un programa así sabes que no va a ser fácil. Estás tocando a unos señores que se están gastando una millonada en campañas de publicidad. A ver, alguien me va a llamar para explicarme cómo nos ganamos la vida… Pero no, nunca se produjo esa llamada. La verdad es que me sentí muy feliz de tener a esos directivos, descolgando ellos los teléfonos y aguantando ellos los chaparrones.

Supongo que Atresmedia visiona los programas antes de que se emitan pero ¿también les consultáis los temas que estáis preparando?

Sí, hay una comunicación. Cuando se decide un tema, yo les informo, les digo a quién nos gustaría entrevistar, y estamos en comunicación sobre qué se está haciendo. Ellos hacen algunas prevenciones tipo “llama a este aludido para que tenga derecho a réplica”, puramente periodísticas. Se les hace llegar unos 70 minutos, principalmente para que sepan lo que van a emitir…

Operación Palace

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¿Cómo viviste Operación Palace? ¿Entendiste la polémica posterior?

No, no la entendí. Lo cual me reafirma en que lo volvería a hacer otra vez. Creo que en este país hay cosas que se toman demasiado en serio y personas que parece que repartan ellos los carnet de periodista.

Fue un divertimento y una farsa, pero una farsa intencionada, cuidado. Porque después dedicamos una hora de debate diciendo: cuántas cosas sagradas hay en este país. Este momento histórico del que acabamos de bromear, ¿es algo sagrado? ¿La monarquía es algo sagrado? ¿La constitución es algo sagrado? Y me he cascado una hora de debate, creo que nada superficial, sobre qué cosas en este país aún ahora las consideramos sagradas. Ha podido ser una farsa pero al menos la farsa tenía una intención.

¿Y la intención era esa? ¿Mostrar que el 23F es un momento absurdamente sagrado?

Por supuesto. ¿Cómo te explicas sino la polémica posterior? No era tocable, era intocable. A mí, una persona muy importante en la política de este país me dijo: “Lo que hicisteis del 23F no me gustó”. ¿Por qué?. “Porque aquello tenía que ser un momento heroico de la democracia y ya está bien que siga así”. Mi respuesta fue que por ese mismo motivo teníamos que hacerlo. Por que no podemos coger a personas ni a momentos, ponerlos en un altar y hacerles genuflexiones sin al menos plantearnos el por qué lo estamos haciendo.

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Mi única conclusión es que allí había cosas acumuladas de hace tiempo, porque sino, no se entiende una respuesta tan airada, en algo que, en el fondo si lo piensas, es tan irrelevante.
La emisión del programa fue muy divertida. A mí la mayoría de la gente me dijo que se engancharon como si fuera un thriller. Lo que yo recibí fue eso. La polémica no la recibí, la leí porque estaba escrita. No venía del espectador medio. Venía de los medios, de algunos, no de todos. Y la polémica, pues bienvenida sea, pero no la he buscado.

Bueno, pero buscabais agitar al personal, hacer reflexionar…

Que reflexiones sí que es una intención. “Yo me he cuestionado esto, te explico mi cuestionamiento, pero piensa si la historia fue como a ti te la han contado, si se salvó la democracia y si el Rey fue ese paladín que salvó la libertad en este país. Y si lo hizo todo él”.
Pero también he leído eso de que “ibais a agitar al personal”. Esas lecturas son ventajistas, porque se hacen a posteriori. Ese día se estrenó Viajando con Chester. No hizo un buen dato de audiencia para ser un programa de estreno. Luego lees que “cómo le iba a ir bien a Chester si estaba Operación Palace”. Mira, dos semanas antes de la emisión de Operación Palace, Jordi y yo estábamos hablando con la cadena por si nos lo cargábamos.

¿Os planteasteis no emitir Operación Palace?

No, nos planteamos emitirlo a las 11 de la noche, después de Salvados. ¿Por qué? Míralo fríamente sin saber la repercusión ni los datos de audiencia. ¿Yo tengo que ir en prime time con un documental al uso, como uno de la BBC o La2, sobre un tema como el 23F del que hace ya 4 años del que nadie habla y del que se han hecho ya las series y la tv movies… ¿Y teníamos que ir con un formato minoritario en prime time?.

Es decir, ¿que os plateasteis no emitirlo porque pensasteis que no tendría audiencia?

Sí, pensamos que no podías competir en prime time con un programa así. Claro, luego lees las interpretaciones a mi entender ventajistas… A priori no era una apuesta tan segura como a posteriori podemos pensar que sí que lo era. A medida que se acercaba el día nos gustaba el programa pero… (baja la voz) ¿quién lo va a ver?. ¿A qué horas ves tú los documentales?

Pero qué imprevisible este trabajo, si la gente que trabajáis aquí tenéis dudas dos semanas antes y luego hacéis más de un 20% de share, ¿no?

Sí, claro. Evidentemente, la fórmula no la sabe nadie. Si yo la tuviera estaría en las Bahamas con un cóctel. (risas) Esa varita mágica no la tiene nadie. El primer visionado de todos los programas es muy importante porque te enfrentas como espectador. La segunda ya no, ya eres un profesional, tu mirada ya está gastada. Pero esa primera sensación es básica porque es lo más parecido a cómo lo verá el espectador en su casa.

Salvados y Cataluña

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Tema Cataluña. Estáis en un caso excepcional porque sois catalanes haciendo un programa para toda España. No suele haber mucho interés de los medios de la capital por la cuestión y a veces la visión que se suele ofrecer es desde medios bastante polarizados. ¿Os sentís con la responsabilidad de mostrar la diversidad de Cataluña, de hacer de alguna manera de puente?

La pretensión no es tan elevada como hacer de puente, de explicar una realidad que si vives aquí, sabes que es variada y rica.

Pero a veces esa realidad es lo que no se muestra desde los medios…

Sí en ese sentido, en los discursos se llega a una simpleza absoluta, del blanco o negro, de la unidad de España y de cuatro voces en la tertulia, nadie quiere ver más allá. Cuando te enfrentas a estos programas te asaltan muchas dudas. A ver si voy a caer en cierto localismo… ¿Cómo afrontas el tema? Pues con los ojos de alguien que vive aquí. El fenómeno de la consulta popular del 28N era muy importante para mucha gente, gente que no eran radicales y ni mucho menos eso les convertía en etarras. Y había gente muy catalana que no se identificaba con eso. Y te vas a Castelldefels a hablar con un alcalde del PP que te dice que “los niños aquí no pueden hablar castellano”, y te asomas a la tapia del colegio y no hay ni Dios que hable catalán… (risas)

La respuesta de Jordi a aquel momento fue brillante…

¡No estaba en el guión! Jordi leyó el momento y lo supo aprovechar, en eso es muy bueno, hay que reconocérselo… Y crees que acompañar a Mas a votar ese día tan simbólico es bueno. Pero también crees que tu honestidad pasa por ver que ese señor lo ha utilizado políticamente. Un presidente que ha pasado por unas elecciones que cada vez tiene menos votos y que ha aplicado medidas de recorte nada populares porque le ha dado la gana, y que su popularidad haya bajado tan poco, explica por qué se ha envuelto con la Senyera… Y acabas el programa diciendo: sí, le he acompañado a votar pero ahora me voy y te dejo aquí en baño de multitudes para que todo el mundo vea que lo que quieres es esto. No intentas establecer puentes, pero crees que vale la pena intentar explicar “algo”, a lo que llegues…

Antes los políticos os huían ¿ahora vienen a ofrecerse?
No.

¿No? ¿Ni una llamada desde algún gabinete de prensa?

No, ningún político ha venido a ofrecerse. Hay que ir detrás de ellos y la mayoría se niega.

¿Pero ahora no hay más puertas que se abren? ¿Hay más síes?
No, no.

¿A quién os gustaría entrevistar y no se deja? ¿A Rajoy?

¡Claro! A Rajoy, a Soraya… Entrevistar a la gente del gobierno para mí es muy importante. Cuando antes me preguntabas sobre la línea editorial y te he contestado que muchos programas se hacía porque teníamos muchas preguntas y no teníamos respuestas. A mí, las motivaciones de una persona que está cerrada en un despacho de un Ministerio y si es o no consciente, sobre las consecuencias que esas decisiones va a tener en mucha gente, por ejemplo, la dependencia, para mi tiene mucho valor.

Pero no hay forma. Nadie se nos ofrece y la mayoría de respuestas que tenemos siguen siendo negativas. No es fácil conseguir invitados para este programa. No es un programa fácil.

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¿Porque el invitado sabe que le van a hacer preguntas incómodas?

Lo sabe porque lo ha visto pero también porque se les dice: no te voy a hacer una entrevista cómoda. Eso sí, siempre será una entrevista honesta. Es decir, jamás de un invitado hemos recibido una queja por haber tergiversado, o cambiado el sentido de sus palabras Es el único aval que uno tiene. No voy a eludir los temas que le puedan incomodar, pero las cartas están sobre la mesa. Pero hay gente que debe pensar en sus cálculos, “¿qué gano pasando un mal rato?”.

¿Cómo explicas que el máximo histórico de Salvados haya sido la entrevista a Pablo Iglesias en Ecuador?

Pues parece que es un personaje que hay mucha hambre de oírlo, siendo un personaje que ha salido en la tele muchísimas veces… Creo que debimos ser los últimos en llegar a Pablo Iglesias. Fue un programa muy sencillo, nada especialmente televisivo. Creo que fue la combinación de factores: el personaje de Iglesias con un Jordi Évole, con un programa con una audiencia ya de por sí fiel, y un contexto en el que nunca habíamos visto a Iglesias.

¿Alguna vez te has planteado cómo acabará Salvados? Porque acabará algún día…

Claro, como todo alguna vez acabará. No sé cuándo, pero espero que tengamos la sabiduría y la visión de futuro para saber leer el momento de dejarlo. A mí me daría mucha pena que este programa muriese de puro aburrimiento. Que languideciera, que languideciera el espectador y que nosotros perdiéramos la ilusión. Eso sería muy triste. Yo espero que antes de que llegue ese momento tengamos la visión suficiente para decir “hasta aquí hemos llegado”. Mejor morir joven y dejar un bonito cadáver.