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En qué momento Twitter se volvió un sitio tan malrollista

 

Este es un post que quedó en borrador en un documento de google a finales de junio. Lo raro es que escribiera alguna cosita para volver a publicar en este blog. Pero, como tantas otras veces, pensé que mi experiencia y mi opinión podían ser poco relevante para la mayoría. ( Mi ritmo de low postig ha superado ya el récord del año pasado, 0).

Pero entonces, estando disfrutando de ese verano vagabundo -o lo que queda de él tras la muerte del roaming-, llegué a este artículo de una periodista política del New York Times: harta de twitter, ha decidido darse unas vacaciones.  Leyendo su artículo se entiende bien el infierno que ha debido vivir en la era Trump, que ríete tú del procés y la moción de censura.

Twitter, ese mundo malrollista

¿En qué momento Twitter se volvió un sitio tan malrollista? Llevo preguntándomelo inténsamente el último año. Pero no solo ha venido por la actualidad política, sino que viene de antes, de tanto, que ya casi no recordaba cómo era Twitter antes.

Cada vez que entro en twitter acabo saliendo rebotada por el ambiente malrollista y revanchista. Es la guerra.

Me veo pasando cada vez menos tiempo en twitter, en lo que fue un día mi arma favorita, mi herramienta más útil, la casa más divertida.

Cada vez digo menos. Ya no solo mi opinión, que nunca ha sido demasiado importante, sino que en general, ya no me apetece vivir ahí.  Si entras en una casa, y la gente no hace más que tirarse los platos a la cabeza, ¿cuánto tardarás en querer irte?

Trolling land

Veo montañas de trolls despellejando al contrario. Veo personas infelices amargando a cualquiera que se les cruce por delante. La gente corrige sin haber leído (la analítica nos dice que el rey está desnudo), siempre dando por supuesto que lo saben todo. Es la ley del zasca.

Sabemos que esa gente no lo diría a la cara ni defendería sus ideas con tanta vehemencia si tuviera al otro delante.

La educación, el respeto, el beneficio de la duda, nada de eso se concede al otro usuario. Tu eres un desgraciado, hijodelagran y ya. Me da igual todo.

Alguien dijo que si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada. El mundo no necesita tu opinión -ni la mía-, especialmente si no tienes ni idea del tema.

 

Twitter hace 10 años

Me pregunto qué ha pasado en estos 10 años, quién o qué se apoderó de esta cosita antes divertida y sencilla como un gorjeo, para no volver a ser la misma.

Recuerdo cómo hace 10 años ibas a una encuentro o conferencia y si encontrabas a otro twittero había una complicidad especial. Éramos ¡¡los frikis del twitter!!

Pero poco a poco, los usuarios empezaron a organizarse: la gente quería…  -OMG- ¡¡desvirtualizarse!! Verse, tocarse y beber algo juntos. Era los tiempos del tweetbarna o el cavaandtweets. La gente tenía ganas locas de dejar la pantalla. Claro, tampoco había Tinder, pero visto con los ojos de lo que ocurre hoy en twitter, parece de otra galaxia.

Y sí, twitter sigue siendo un lugar con gente brillante y chisposa, gente interesante y de la que apreder, o gente que te querrá ayudar cuando tienes un problema (cuando buscas herramientas o como el día que se me volteó la pantalla…).

Pero “los otros”, quienes quiera que sean, a veces parecen  estar ganando la batalla. Hacen desertar a la gente que tiene ganas de encontrarse con otros sin tener que ir con la hacha levantada todo el santo día.

Y la pregunta que me hago es: ¿debemos renunciar a tener una sana  plaza pública en Internet?

A veces quisiera gritar: ¡que me devuelvan mi twitter!  O que se vayan todos a otro sitio, y ya nos quedaremos un grupo de amigos (a los que desvirtulicé mucho después) haciendo la última ronda.

Que se vayan, que los últimos, ya apagaremos las luces.

 

Silvia Omedes: “El fotoperiodismo ya no está en los medios”

Silvia Omedes

En la calle Trafalgar número 20 de Barcelona, en su primer piso, me encuentro con un cartel que dice: “La fotografía podría ser esa tenue luz que modestamente nos ayudara a cambiar las cosas”. Llamo al timbre y pregunto: ¿Está Silvia? Soy Silvia.

Estoy en la sede de la fundación Photographic Social Vision. Puede que no os suene de nada, pero si os digo que son los que organizan la exposición World Press Photo en Barcelona, entonces movéis la cabeza diciendo que os suena bastante. Esta fundación fue creada hace 14 años por tres mujeres con diferentes experiencias pero un mismo objetivo: utilizar la fotografía como una herramienta de cambio social, proveer de contenidos fotográficos al Tercer Sector y ser una plataforma de apoyo a los fotoperiodistas.

Silvia Omedes es su directora y cofundadora. Sus motivaciones personales y su formación la ha llevado desde al arte, el cine y la fotografía a crear una plataforma de acción social a través de la fotografía. Además del famoso concurso WWP, la fundación organiza DOCfield>15 Festival Fotografía Documental Barcelona, un festival de foto documental que trae más 40 exposiones por toda la ciudad de Barcelona, así como otras actividades asociadas. Su objetivo: darnos a conocer otras realidades -geográficas pero también sociales- y acercar el fotoperiodismo a la ciudadanía. Una calurosa tarde de verano hablamos de fotoperiodismo, concursos y de los medios.

¿Qué diferencia hay entre la fotografía documental y el fotoperiodismo?

Depende a quién preguntes. Para mi la fotografía documental es el gran paraguas que trabaja con la realidad: la documenta, la interpreta y la testimonia. El fotoperiodismo es un subgénero de la fotografía documental. Nuestro festival Docfield no es un festival de fotoperiodismo, sino documental: porque queremos que todos los géneros que traten la realidad estén representados. Nos interesan todos los trabajos que nos ayuden a interpretar la realidad, desde los proyectos más clásicos de reporterismo hasta los más artísticos o creativos.

¿Por qué esa amplio abanico de trabajos en el DOCField?

Sentimos que hay cierto cansancio en la sociedad sobre la manera en que se abordan los temas, la de sangre e hígado… Si nos acostumbramos a ver los conflictos de la misma manera llega un momento en que te da igual si te están enseñando Libia, Darfur o Haití. Creemos que se ha abusado de cierta estereotipación de los conflictos, la violencia y los países en desarrollo. Nos hemos inmunizado al dolor. Docfield quiere enriquecer nuestra mirada sobre el mundo.

Occupied pleasuere. TanyaHabjouqa

Creasteis la fundación hace 14 años para apoyar a los fotoperiodistas. ¿Cuáles son las principales dificultades que tienen hoy los fotoperiodistas?

Comer y publicar. El mercado del colectivo de fotoperiodistas freelance se ha hundido. Se ha hecho muy pequeño aunque se mantiene a nivel internacional. Por eso, nuestros mejores fotoperiodistas ya no trabajan para medios de aquí sino para medios o agencias de noticias internacionales. Esto es lo que les mantiene a los que tienen talento.

Aquí las plantillas son pequeñas, malpagan a los colaboradores, y hay una tendencia a no apostar por temas documentales, de denuncia, o reportaje social. Los diarios siguen viviendo de la publicidad y las marcas no quieren que junto a su anuncio aparezca un reportaje de África y el hambre. Sin embargo, a la sociedad le interesa el fotoperiodismo y los medios no lo están ofreciendo. Esta es la paradoja. Si no, no se explica que tengamos 40.000 visitas en 4 semanas en el World Press Photo.

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Llevamos mucho tiempo oyendo lo de la muerte del fotoperiodismo…

Lo que están muertos son los soportes, dónde publicar, pero la necesidad de explicarnos a nosotros mismos forma parte del ADN del ser humano. Quizá los fotoperiodistas no puedan vivir de esto durante un tiempo, pero el colectivo encontrará la manera de hacerlo… Ahora todos están entrando en Internet, se abren galerías y museos para albergar fotoperiodismo y muchos profesionales empiezan a trabajar el video online...

Precisamente leía hace unas semanas una entrevista al fotoperiodista Ricardo García Vilanova donde explicaba que vivía gracias a que produce video y no tanto por la fotografía. ¿Lo multimedia es el futuro de los fotoperiodistas?

Sí, están virando hacia la cultura audiovisual claramente, porque si el objetivo es explicar historias, tú llegas a una audiencia más grande si vas con el sonido y el video junto a la investigación. Si eres un contador de historias, lo importante es que encuentres la mejor manera de explicarlo, no tanto el soporte. Es un dato que el World Press Photo desde hace 4 años tiene una categoría multimedia. En nuestro festival hemos programado 4 noches de proyecciones multimedia en plazas públicas de Barcelona.

Los soportes están cambiando pero también los lenguajes. Una de las cosas que está cambiando es que los fotógrafos empiezan a plantearse quién es su audiencia, y en consecuencia, modificar el “cómo” para que la historia pueda llegar con más eficacia a ese público.

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¿Hasta qué punto puede cambiarle la vida a un fotoperiodista ganar un World Press Photo como por ejemplo el caso de Samuel Aranda?

No solo es para el fotógrafo de la categoría principal, también es muy importante para los que son premiados en el resto de categorías. Aunque está bien pagado el primer premio, la mayor recompensa es la visibilidad que ganan los premiados. Sus fotos tendrán un alcance mundial y serán vistas por miles de personas en ciudades de todo el mundo. En el caso del WPP los ganadores suelen quejarse que es un año en el que no consiguen trabajar por la cantidad de compromisos donde se reclama su presencia. Pero con lo difícil que lo tienen hoy en día los fotógrafos, ya pueden aprovechar la visibilidad e intentar dar una respuesta a todas las oportunidades que les brindan.

En el caso de Samuel Aranda, fue importante para su carrera, sin duda, pero él ya estaba publicando en el New York Times. El trabajo sobre Yemen, un proyecto personal con el que ganó el concurso, fue publicado por New York Times. La misma semana lo presentó a La Vanguardia y lo rechazaron: no creyeron que tuviera calidad suficiente, no les interesó. Dos semanas más tarde Samuel Aranda ganaba el WPP.

¿En serio? ¿La Vanguardia lo rechazó?

Sí. No tenemos buenos profesionales gestionando fotografía dentro de los diarios. Sí que tenemos buenos fotógrafos y editores, pero la gente que toma decisiones finales en este país… tenemos grandes carencias en cultura audiovisual. La gran pena es que la fotografía aún no se ha entendido: señores, la fotografía no solo ilustra el texto, tiene vida propia y tiene mucho poder.

¿El fotoperiodismo está cada vez más lejos de los medios?
Es que no está: no se respeta, no se paga bien, no se publica. Aún hay algún fotógrafo en plantilla en prensa que es un héroe. La cultura visual de los que eligen son las fotografías de agencia. Son grandes fotos de impacto, muy gráficas pero que nos empobrecen, porque tienen que ser vendidas a todo tipo de medios. Hoy en día se deja de trabajar con fotógrafos locales para conectarse con los grandes monstruos generadores de imágenes que son las agencias internacionales.

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Cuando se dice que tenemos una generación excepcional de fotógrafos, ¿es peloteo o es cierto que tenemos nombres que destacan mundialmente?

¡Es cierto! Son datos objetivos. Si miras en los concursos internacionales o en los últimos 11 años de WPP siempre hay fotógrafos españoles entre los premiados. Tenemos un fotoperiodismo de mucha calidad, que ya lo teníamos históricamente, pero hoy hay mucha gente que se ha formado como fotoperiodista. Que además han podido viajar y tienen experiencia sobre el terreno. Desgraciadamente también tienen la experiencia de que aquí no son publicados, pero tienen más experiencia porque se han tenido que buscar la vida fuera.

¿Puedes decirme nombres para seguirles la pista?

Y sin salir de Barcelona: Arnau Blanch, Albert Bonsfills, Laia Abril, Rafa Arocha, Samuel Aranda, Israel Ariño, Oriol Segon, la gente de RUIDO… todos estos están publicando fuera y ganando premios. Son jóvenes con una cultura visual más rica que las generaciones anteriores y que hablan inglés. Eso hace que sea relativamente fácil tener acceso al mercado de fuera, o trabajar temas de aquí que se publiquen fuera.

Photografic social vision

Albert Sáez: “El periodista más manipulable es el periodista ignorante”

ALBERT SÁEZ

Nos citamos hace unas semanas en el Mitte, un café-galería que está casi puerta con puerta con la redacción de El Periódico de Catalunya. Albert Sáez es Director adjunto y esta semana publica “El Periodisme després de Twitter” (3 i 4), un ensayo que ha sido reconocido con el premio Joan Fuster.

Gracias a su generosidad y a mi insistencia pude leerlo antes de su publicación esta semana. El resultado son 7 cuartillas de apuntes. Y os digo una cosa: eso es mucho decir en mi, que estoy bastante aburrida -para decirlo, digamos, con elegancia- de leer cosas sobre el tema del futuro negro-carbón del periodismo.

No temo decir que va a ser un documento importante e influyente. Sáez hace un análisis riguroso y muy autocrítico con la industria periodística. Pero no se queda solo en el “cómo llegamos aquí” sino que se dedica a diseccionar las funciones del periodista de ayer para ver qué es lo que está aún vigente y lo que no, lo que podemos desechar y lo que debemos preservar del “viejo” periodismo.
Muy en la línea de Periodismo post-industrial que tanto cita, el ensayo es un intento de “repensar” el oficio: liberarnos de la línea taylorista del periodismo, salvaguardar al periodista como interpretador de la realidad, y dejar de pensar en un negocio de venta al mayor y pasar a una venta al detalle, apoyados en la tecnología a la que no hay que temer.

Una hipotética muerte

Empiezas el libro con la aterradora hipótesis de que algún día el periodismo como realidad histórica que es pudiera desaparecer. Planteas la posibilidad de que la sociedad un día decida que ya no nos necesita. ¿De verdad crees que esto podría ocurrir?

No, no lo pienso, pero creo que es bueno planteárselo como instinto de supervivencia. Al final es como en la vida: si actúas como si fueras inmortal, quizá hagas cosas de forma diferente de si asumes que un día morirás.
Los periodistas hemos pensado que somos tan importantes y que es tan decisivo lo que hacemos, que se nos ha olvidado pensar que un día podemos de dejar de ser útiles: o bien porque no hagamos lo que la gente necesita, o porque lo que hagamos ya no tenga sentido para la gente. Sin dramatismos, pero esta idea tiene que ser un estímulo. Si hubiera existido en la industria, quizá las empresas hubiesen invertido más en innovación en el periodismo e investigado más sobre el negocio del periodismo.

El periodismo podría desaparecer si la gente cree que ya no somos necesarios

Defiendes que el periodismo, para ser considerado periodismo tiene que ser una dedicación profesional y ser remunerado.

Es que a veces nos cuesta aceptar el paquete entero. “Quiero ser un profesional del periodismo”. Para ser un profesional, el periodismo tiene que ser una actividad económica, y para ser una actividad económica ha de generar unas inversiones y unos beneficios razonables.

Haces un interesante recorrido sobre las funciones de un periodista de hoy -de lo q sirve y de lo que ya no- y una llamada a desprendermos de funciones anquilosadas en un pasado industrial-.

La metáfora del periodismo industrial/post-industrial lo explica bastante bien. Ha habido una serie de tareas que considerábamos periodísticas que en realidad eran de la “industria” del periodismo. ¿Qué valor añadido tiene hoy  “picar” una nota de prensa? Antes podía ser la jornada de un periodista. Como tampoco hoy el valor añadido está en el acceso a las fuentes: no tiene valor si no soy capaz de interactuar con ellas.

Y en cambio, hablas de la vigencia del periodista-verificador, periodista-narrador, periodista-intérprete de la realidad, ¿Qué quieres decir cuando dice que el periodista tiene que ser un intelectual? 

El papel del periodista es hoy el que yo llamo intérprete, es decir, verificar, certificar hasta donde se puede los elementos de un hecho, y darles sentido, y eso quiere decir tenir conocimientos previos, tantos o más que el que te está explicando los hechos, para poder discutir y preguntar, e interpretar, narrar una historia. Por ejemplo, Emilio Pérez de Rozas, uno de los periodistas más veteranos de la redacción de El Periódico, no tiene ningún problema con Internet. Sus noticias son de las más leídas, porque interpreta lo que pasa, sabe explicar qué pasa en el Barça con nombres y apellidos, porque verifica los rumores, porque tiene memoria… esto es lo que tiene valor añadido. El valor añadido del periodismo es intelectual, no manual. Yo creo que nos tenemos que centrar aquí.

Leo página 78: “El periodista no puede dimitir de convertirse en intérprete de la realidad con la excusa de preservar una imposible objetividad. Hay que liberar a los periodistas para que dejen ser piezas acríticas de la cadena de producción industrial de la actualidad…” ¿Debemos dejar de buscar esa objetividad?

Es un debate muy vivo. Se ha creado un falso mito de la objetividad. Si dos fuentes te confirman una noticia, ya se da por confirmado. Pues no: si una noticia te la da Endesa y el Ministerio de Industria, no sé si son dos fuentes muy contrastadas… Yo siempre digo a mis alumnos que el periodista más manipulable es el periodista ignorante. Cuando un periodista no domina una materia y le envían una nota de prensa o va a una rueda de prensa, es muy vulnerable.

Nuestro mundo tiene un 100% de la gente alfabetizada y un 40% tiene estudios superiores. Hay un montón de noticias que publicamos que nuestros lectores dominan mejor: hacemos el ridículo y perdemos la credibilidad. Volvemos al periodista intelectual. Hay que adaptarse al nuevo entorno, formarse mucho más. El periodista especialista es el único que puede tratar de tú a tú a las fuentes.

Sobre la madre del cordero: modelos de negocio

periodisme_desprestwitter

Albert Saéz hace un análisis histórico sobre cómo nos hemos ganado la vida a través de la historia del periodismo, y explica con un sentido muy autocrítico los errores que desde la industria se han cometido. A la conclusión a la que llega es que para sobrevivir debemos diversificar las fuentes de ingresos.

Cuando hablas de modelos de negocio para el periodismo reclamas un cambio, no solo desde las empresas sino también a los propios periodistas. ¿De verdad debe haber un replanteamiento de todo y por parte de todos?

Lo que digo es que hay que cuestionarse todo. Gracias al libro tuve que plantearme ¿pero es que el periodismo ha sido negocio alguna vez? Una cosa es que un medio de comunicación sea un negocio, otra cosa es que sea negocio un medio de información y otra es que la información sea un negocio. Aquí es donde tenemos los problemas.

La información a través de los medios encontró la manera de ser negocio, pero no siempre lo fue. Por tanto, tenemos que ser conscientes que un negocio de venta al mayor como el que hemos tenido hasta ahora no va a volver. Es lo que explican muy bien los autores del Periodismo Post-industrial: el negocio estaba en la rotativa y en la antena de emisión. Esto llevó a un tipo de organización empresarial, a un tipo de organización periodística y a una cadena de valor determinada.

Por contra, ¿hemos entrado en el negocio de venta al detalle?

Exactamente, ahí está el negocio a través de la tecnología. El otro día en el consejo de redacción dije que si lo lleváramos al extremo, deberíamos hacer un miniplan de marketing para cada noticia: ver qué nos puede dar de tráfico, de engagement, de publi, de prestigio, de notoriedad… pero para cada una de las noticias. En el periodismo ahora el negocio pasa a ser al detalle, y las empresas que gestionen las informaciones con mentalidad de venta al mayor, lo pasarán mal. La consecuencia también es que vendrán otro tipo de inversores, de organizaciones, de retorno y de rentabilidad. También hay que estar preparados para ello.

lectores leales

Dices que los lectores quieren calidad, y no la encuentran en Internet. A veces cuesta creer en un mar de virales como el actual…

Si te planteas este negocio como un negocio de tráfico siempre será mucho mejor Buzzfeed, porque está hecho para generar tráfico, dar valor a una marca, sacarlo a bolsa y venderlo después. Decía hace poco Ana Patricia Botín: “lo que necesito son clientes leales”. Este adjetivo no es menor. En el fondo lo que dice Botín es que no tendré clientes leales si les maltrato: te coloco unas preferentes, te arruinas y te vas a otro sitio. Yo también necesito lectores leales.

Y atención: que al lector leal no podré tratarlo como a un paracaidista ni tomarlo por idiota. Ahora que los anunciantes ya no nos necesitan tanto, tenemos que ser conscientes que nuestro cliente es el lector. Seguiremos teniendo sentido si tenemos una comunidad, un público leal, y si nosotros somos también leales a ellos…

Una legislación desequilibrada

Albert Sáez –que también se movió durante un tiempo en arenas políticas, siendo primero Secretari de Mitjans de Comunicació de la Generalitat, y después Presidente del Consejo de Gobierno de la CCMM– hace un alto en el camino en el libro dedicándole un capítulo a cuatro tipos de legislaciones que en su opinión no han favorecido al periodismo o la industria. Se trata de 1) la legislación de propiedad intelectual, 2) la de protección de datos personales, 3) la de protección a la intimidad y 4) sobre responsabilidad editorial.

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Yo con los cookies de los lectores de la web puedo hacer lo que quiera pero con la BBDD de suscriptores de papel de El Periódico, no puedo hacer nada. Y nada quiere decir nada. Parece que aquí hay una asimetría legislativa evidente…”

En el libro le dedicas un capítulo al tema de esa asimetría legislativa y denuncias que los medios no han sabido hacer de Lobby como sí lo hicieron las Telecos.

Soy muy crítico en estas cuestiones. Se ha buscado una idea muy poderosa como es la de “la sociedad de la información” pero no se ha preguntado nada más y llega el momento de hacer preguntas. Estoy muy contento porque por primera vez alguien en Europa haya salido a decir que la ley de Propiedad intelectual ha de ser europea. Hasta ahora, que las legislaciones fueran estatales ha sido una bicoca para las grandes corporaciones.
Me dicen que “El Sr Google le ayuda a usted a viralizar los contenidos”. Sí, hasta aquí no tengo ningún problema, pero es que en medio Google pone un anuncio. Si él me viraliza un contenido sin hacer negocio, yo no le querré cobrar nada, pero si pone un anuncio, solo le pido, que nos lo repartamos un poco, no digo ya al 50%, sino un porcentaje pequeño nada más… Porque todos somos conscientes, que sin contenido, no habrá tráfico.
Eso por un lado. Por el otro, solo pido que si hemos bajado el listón de tolerancia respecto la protección de datos, respeto a la protección al honor, etc… que puede ser que haya bajado el listón, pero entonces la legislación tiene que ser la misma para todos.
En cuanto a responsabilidad editorial, lo que no puede ser que un director de periódico pueda ir a la cárcel por algo que se publique en la edición de papel, y por una cosa que se publica en la edición web, nadie vaya a ninguna parte.

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Eres muy crítico con la UE, de cómo se ha beneficiado a las empresas de Telecomunicaciones por encima de las que producen contenidos.

Esta batalla ha sido brutal. El lobby de las telecos ha funcionado muchísimo mejor que el lobby de los diarios. Y esto es un combate que tengo con muchos amigos: el tema de la neutralidad de la red. Quiere decir que no puedo condicionar el acceso a los contenidos a través de mi red. Entonces, ¿qué estás diciendo? Pues que los contenidos no valen nada. Y resulta que todo el negocio se lo ha quedado el Carrier, el que hace el camino.

La UE nos ha estafado con el tema de la neutralidad, ha quitado valor a los productores de contenidos. Y el ejemplo que pongo de la compra-venta de activos entre Telefónica y Prisa es el ejemplo más palmario. Telefónica se vende por 400 millones de euros una participación que al cabo de 4, la compra por 100. Por tanto es evidente que esto ha bajado de precio. Y si ha bajado de precio es por que tu no le puedes dar valor al contenido. ¿Y ahora no puedo asociarme a Telefónica? Google utiliza mi información, ¿y Telefónica, no puede? No tiene sentido. Que lo arreglen como quieran pero la industria periodística se ha equivocado no haciendo de lobby.

Referentes personales y futuro de los estudios de periodismo

lorenzo Gomis

En el libro citas mucho a la obra y teorías de Lorenzo Gomis, [el que fue director del Correo Catalán, de la revista El Ciervo y articulista y consejero editorial de Lavanguardia]. ¿Qué representó para ti?

¡Es mi maestro! Creo que hizo un importante esfuerzo en construir una teoría del periodismo. Hizo una aproximación muy fría, intentaba racionalizarlo. Por ejemplo, en su tesis doctoral se inventó una fórmula matemática para calcular el interés periodístico, una ecuación que valoraba la importancia histórica de una noticia y su capacidad de generar comentarios. Lorenzo Gomis decía que el periodismo tenía que buscar un equilibrio pensando en un público determinando. Tenía una idea muy sugerente de que los hechos, no son noticia en abstracto, sino que lo son para un público concreto. Muchas cosas de las que dijo ahora siguen vigentes e intento hacer de puente con la generación que no le conoció.

¿Qué piensas que deberíamos hacer con las facultades de periodismo, tú que eres profesor de periodismo? ¿Se deben cerrar facultades?
En general, aunque quede mal decirlo, ha ido demasiada gente a la universidad. Hay profesiones que han hecho lobby y tienen capacidad de limitar el acceso al ejercicio de la profesión. No es nuestro caso. Pero también es cierto, que si en vez de hablar de periodismo hablamos de comunicación, las cosas están mucho más equilibradas.

Pero entonces ¿deberíamos cambiar los estudios? Venga, ¡mójate!

Lo ideal sería que hubiera un grado de comunicación y un máster en periodismo. Hay toda una serie de técnicas que como periodista necesitas: la formación de narrador, verificación y de intérprete podría dártela un master. A mi no me insultan cuando dicen que el periodismo es un oficio, es un oficio intelectual.

Creo que lo que no se ha hecho es más trabajo de investigación aplicada. Yo pregunto en mi facultad [Blanquerna, URLL] ¿deberíamos enseñar a hacer aplicaciones móviles? Yo le veo muchas posibilidades para rentabilizar el trabajo periodístico, porque la gente está acostumbrada a pagar o a tener una publicidad muy relacionada con la app.. etc.

No tiene que darnos miedo la tecnología. Está muy bien explicado en el informe de innovación de el NYTimes, donde hablan de romper los estanques cerrados, los silos, para que todos entiendan la lógica del otro, y poder colaborar juntos. Si consigues alinear a todo el equipo de una organización para pensar en ese público, serás una máquina de matar.

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Créditos fotos: 

1ª.El Punt Avui

2ª F.J. Vargas/El País