Diario de confinamiento desde un balcón de Barcelona

Una de las pocas cosas útiles que hice durante el confinamiento de primavera por la pandemia fue escribir un diario en Instagram donde explicaba, mitad realidad, mitad ejercio para no enloquecer, explicar cómo una persona es capaz de vivir sola durante casi 90 días. Y mira que no me gusta hablar de mi, pero ahí estaba yo hablando de balcones, vecinos y de la planta pesto que murió -o la maté, según se mire-, por culpa del coronavirus.

Era un ejercicio literario, entre la crónica y la autoficción de estar por casa, (nunca tan literal).

Mirando para atrás, quisiera guardarlo como un proyecto personal, así que ha nacido Un diario en cuarentena como entidad separada.

Son muchas entradas, pero breves, no más de 2.200 caracteres, el límite de Instagram, en las que aprovecho ahora para releer, corregir, actualizar y quizá, añadir más contexto.

Veremos dónde me lleva.

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