Alejandro cegarra

Alejandro Cegarra: “No puedes pasarte la vida haciendo fotos bonitas”

Alejandro Cegarra (Caracas, 1989) es este niñato de 25 años que tengo sentado enfrente. Señalado como el tercer mejor fotógrafo latinoamericano del año (POY Latam), hace 5 años no sabía hacer fotos. Hace dos años no tenía ni pasaporte. En dos años ha llenado todas sus páginas y ha tenido que pedir uno nuevo. Ha ganado premios y reconocimientos. Aprovechando mi viaje por Venezuela nos citamos en la librería Lugar común, una especie de oasis en medio de esta caótica ciudad que es Caracas. Me gusta el nombre de la librería, porque es precisamente lo que escasea en este país: lugares comunes donde ser capaces de vivir, dialogar y reconocerse.

Su carrera ha sido meteórica, tanto como tan solo 3 años. Cegarra empezó publicando pequeñas historias en un blog que le sirvió para que el diario Últimas Noticias (el más leído en Venezuela) le diera una oportunidad. Mientras trabajaba en el diario realizó su proyecto personal sobre la célebre Torre de David -un rascacielos a medio construir que fue ocupado por 4.000 personas- símbolo del colapso de dos sistemas, proyecto que catapultó a Cegarra a la órbita internacional. Luego vino Associated Press, con la que cubrió las protestas estudiantiles de 2014 y ahora, trabaja para Getty reportage. Precisamente en estos años de su brevísima carrera le ha tocado vivir momentos históricos como la muerte de Chávez, trabajo que expuso en la última edición del festival Visa pour l’Image de Perpignan.

Esta entrevista la hicimos a finales de julio, al inicio de mi viaje, en plena crisis de escasez de productos básicos, con colas por todas partes y una inflación desbocada. Charlamos en Lugar común, con una suave música de ritmos caribeños de fondo y el timbre de la puerta de la librería que se cuela en toda la grabación. Pido un café cortado, pero no hay leche. Me conformo con lo que hay.

Alejandro no deja de estrujar y retorcer su camiseta con las manos por debajo de la mesa, pero al finalizar, casi dos horas después, acabará mostrándome algunas de sus “accidentales” heridas de guerra. Dice que en Caracas “o maduras como fotógrafo o te quedas en la mediocridad para siempre”.

Lugar común Caracas

 

Andrea no me deja sacar el móvil para hacer fotos en Caracas, menos aún la cámara, y me pregunto ¿cómo lo hace un fotógrafo para trabajar en esta ciudad?

Normalmente voy con una cartera que parece una bolsa para llevar el almuerzo. Siempre utilizo cámaras pequeñas, así que primero “veo” la foto, saco la cámara y la guardo rápidamente. No me quedo mucho en un mismo sitio. Sobre todo en el oeste de Caracas, pero sí que es cierto que es mejor no llevar nada ostentoso. Pero hay que quitarse el estigma de que uno es una víctima, y hay que saber disfrutar de la ciudad.

¿Alguna vez han intentado robarte?
Una vez intentaron robarme la Leica que me regalaron con un premio -es incomparable- y traté de explicarle al ladrón que era una cámara de rollo que no le serviría de nada. Se quedó con mi móvil y salí corriendo.

Ahora trabajas para Getty Reportage como freelance. ¿Qué aprendiste de tu tiempo en el diario Últimas Noticias y en AP?

En Últimas Noticias aprendí a hacer de todo, en AP aprendí lo que es la inmediatez; no tienes tiempo ni a abrir la foto. Si la foto está bien expuesta, hay que enviarla. En la oficina las enviaba, escribía el texto, y en 10 minutos estaba disponible. Luego revisaba con calma a ver si se me pasó algo… En Getty estoy aprendiendo a ser medio freelance en esta vida. Me dan asignaciones pero también se encargan de seguir formándote.

Torre-de-David-1-Alejandro-Cegarra

El trabajo de la Torre de David te puso en la órbita internacional de la fotografía. Pero ¿por qué te interesó hacer el tema de la Torre de David cuando ya había sido fotografiado y explicado por otros antes?

Mi universidad está frente la torre y siempre me llamó la atención. Vi un documental de Vice muy malo en el que no hablaban de la gente que vivía allí. Sebastián Liste entró ya con Jon Lee Anderson. Encontré un artículo en un medio comunitario chavista donde se hablaba de la organización dentro de la torre. Mientras trabajaba en UN, aprovechaba mi tiempo libre y me escapaba un par de horas durante dos meses y después fui espaciando las visitas durante varios meses más

¿Cómo conseguiste lograr acceso a la torre?
Llamé a la puerta y tuve la suerte que salió la persona indicada. Elvis, el presidente de la Torre de la David. El niño Daza del que hablaba Anderson en el New Yorker, me dijeron que “ya no está”. No pregunté más. Tuve que convencerles de lo que quería hacer, pero al día siguiente ya estaba haciendo fotos. En el piso 6 me dejaban dejar mi coche y era la manera de que todos supieran que estaba allí. Pasé 5 meses conviviendo con ellos. Familia a familia iba presentándome y entrando en las casas. Allí dentro vivían unas 4.000 personas y llegué a conocer a unas 100. Disparé solo unas 2.000 fotos. Cada día hacía unas 40 o 50 fotos, pero dentro de esas fotos estaba la foto que quería. Les acompañé hasta que hace unos meses fueron reubicados por el gobierno en otras casas de Misión vivienda pero en sitios muy alejados entre sí. Es como si tomas un sistema y lo rompes en pedazos: muy pocos están en Caracas. Ahora está vacía. Pero la torre no es la torre, es la gente que vivía allí. Abandonaron la torre y documenté también la mudanza.

Leí que decías que la torre era para ti un símbolo del colapso…
Siento que es la suma de dos sistemas que nunca funcionaron. Para el chavismo representa el tema de la vivienda socialista comunitaria, de tomar los espacios; y para el capitalismo, significaba el poder financiero en Caracas. Ambas cosas fallaron en Venezuela, y fue un símbolo de lo que quiso ser Caracas pero no pudo ser.

Ahora [septiembre 2015] expones Viviendo en el Legado de Chávez en Visa pour l’Image…
El proyecto sobre el legado de Chávez tiene una carga emocional que me hizo madurar como persona. La muerte de Chavez lo cubrí por mi cuenta. Recuerdo volver a mi casa deshidratado después de pasar 8 horas caminando bajo el sol…

Alejandro Cegarra-legado Chavez

¿Cómo te planteaste el proyecto del Legado de Chávez?
Era un momento histórico y tenía que salir a tomar fotos. Estaba en la universidad y lo dejé todo para salir a la calle a fotografiar. El trance nacional que provocó Chávez duró como un mes. Empecé entonces a preguntar cuál es el legado que me deja Chávez. Me puse 3 preguntas a explicar en fotos: ¿me dejó mejor economía? ¿mejor seguridad?, ¿mayor libertad? A mí, como persona, ¿qué me dejó? Por eso se llama viviendo en el legado de Chávez, a mi clase, clase media, del este de Caracas, que es medio opositor y medio sifrino (pijo). Terminé en febrero 2015 con el aniversario de las protestas de los estudiantes. Al final lo planteé como una fórmula para poder presentarlo a Perpiñan: Violencia más inseguridad, más situación económica es igual a protestas. El proyecto empieza con el tema de la violencia, salta a la crisis económica y termina con las protestas de 2014.

Justo esos 3 elementos son los problemas que afronta Venezuela hoy, ¿no es cierto?

Sí, totalmente. El tema económico es muy fuerte. La violencia es parte de los paises latinoamericanos, como que está en nuestro ser…

¿De verdad lo crees?!
Sí, es parte de nosotros. Somos naturalmente violentos. Pero nosotros mismos nos hemos puesto la correa. Estamos así para no ser tan violentos, pero a veces nos sueltan y se nos va. Mira El Salvador, Gautemala, Honduras, Venezuela… El latinoamericano es violento, es impulsivo.

Hemos estado esta mañana con una religiosa catalana y ha hablado de la violencia como una “guerra silenciosa”.

Precisamente estoy haciendo un proyecto que se llama “la guerra invisible” dentro de una taller del WorldPressPhoto para jóvenes fotógrafos. Y trata sobre el gasto militar, la censura de la violencia en los medios y la incapacidad de mantenernos a salvo de nosotros mismos. Siento que es una guerra que está tapada totalmente.
En Caracas murieron 20.000 personas en un año, en 24.000 en todo venezuela, en una población de 30 millones, eso es mucha gente. Y he estado buscando cifras y a veces hay más muertes que algunos conflictos armados. Venezuela en 2012 tuvo más muertes que Irak, un país que sale de una guerra civil. Por eso se llama nuestra guerra invisible. No está terminado aún, lo entrego en noviembre. Pero para mí lo más difícil no es la muerte en sí, sino los que se quedan. Quiero hacer retratos de personas en espacios vacíos de la persona que ya no está.

Eso sería como las consecuencias de las violencia. ¿Y las causas?
¡Las causas es todo! La desinterés por hacer algo… Llevan 23 planes de seguridad en 14 años.
Pero tengo entendido que la violencia es prechavista…
En el 98 morían 3.900 personas al año; en 2010, estaba por 15.000. Es decir, han muerto 200.000 en 14 años por violencia y criminalidad. Hay una falta de interés y dejadez. Mucha gente dice que eso favorece al gobierno, para controlar a la población. Pero para mí es simplemente ineptitud que no saben cómo hacerlo para parar esto. En el último año ha habido 3-4 ministros de seguridad… Y lo otro es la crisis económica ahora, se va poner peor, mucha más gente se va a arrastrar a eso. 8.000 bolívares [salario mínimo en juñio 2015] son escasamente 12 euros. La gente va a empezar a ver el camino fácil. (…) El gobierno no tiene la capacidad de controlar eso. El 90% de los casos de homicidios quedan impunes. Aquí matan a alguien en un barrio, ¿y cómo encuentras a alguien en Petare, el segundo barrio más grande del Latinoamérica, sin direcciones? El culpable se esconde y ya nunca baja.

Has cubierto protestas y pasado por situaciones muy tensas ¿cómo gestionas el miedo?
Tengo mucho miedo. Cuando están los otros fotógrafos me pego a ellos. Si en unas protestas no los veo, o es que estoy en un mal lugar o estoy donde la noticia no está. Me siento más seguro con ellos [se refiere a los fotógrafos de Reuters y AFP en Caracas]. Cuando voy a un barrio es diferente. La primera vez que fui con la Policía a patrullar en Petare hubo una emboscada y empezaron a disparar. Me metí debajo del coche. Me quedé agachado hasta que acabó el titoteo y por suerte no hubo muertos. Volví a hacerlo cuatro veces más sobre el tema de la seguridad como parte del proyecto de El legado de Chávez. Me dan pánico las armas. Pero valía la pena contarlo porque es una realidad que está sucediendo. La gente que vive en el valle de Caracas vive en una burbuja. No he vuelto a ir a Petare con los polícias, sí a cárceles. Me dí cuenta que no tenemos mejor seguridad ni dentro ni fuera de la cárcel.

Vi el trabajo de Sebastián Liste sobre  los pranes en FotoPress de LaCaixa y es impresionante. Que estas mafias se hayan adueñado de las cárceles es una situación realmente surrealista..

Totalmente. A la que yo fui sí que estaba controlada parcialmente por el gobierno, pero el ambiente era muy tenso. Fui dos veces, fue muy puntual y hice unas fotos muy concretas, pero no pude hacer lo que Liste, que fue muy bueno. Estuvo una semana en aquella cárcel en diciembre en 2013. Lo que escuché es que al gobierno le molestó mucho ese trabajo. Yo creo que no le van a dejar volver dejar entrar (risas)…

¿Qué es para ti el fotoperiodismo?
Pregunta difícil… No debe ser complaciente, ni una farsa. Sí debe ser una manera creativa y diferente de mostrar la realidad. Una forma de generar conciencia. Somos mensajeros. Pero yo creo que el compromiso no puede ser solo informar, sino tratar cambiar de alguna manera. La fotografía es como una relación, al principio es fogosidad, pero luego se vuelve como un compromiso. No puedes quedarte toda la vida haciendo fotos bonitas, tienes un poder y hay que usarla para hacer algo.

¿Qué te gustaría hacer?
El problema es que mis metas a 10 años vista se han concentrado en 3. Me gustaría poder trabajar con ONGs, ahora en Perpignan me gustaría hacer contactos. Mi sueño es ser el primer venezolano de Magnum, trabajar en África y vivir en un pueblo del sur de Francia.

Con tanta gente que se va del país, ¿no has pensado en irte?
Sí, pero tengo lo que necesito aquí, para mi es barato porque cobro en dólares los trabajos que hago. Mis amigos más cercanos no se han ido porque no tienen dinero para irse, pero sí que he ido a muchas despedidas de gente no tan cercana. Pero si me voy quiero irme a un país problemático. Quiero irme a Honduras, a El Salvador… Quiero vivir los sitios que voy a fotografiar, siento que solo así salen las fotos solas. Creo que las fotos buenas que tengo aquí y el recorrido que tengo ahora, es porque Caracas es como un catalizador. Hay tantos problemas aquí, que o maduras como fotógrafo o te quedas en la mediocridad por siempre. Necesito otro sitio que me dé otro estilo otra vez.

Busqué en Google y la mayoría de tus fotos son en blanco y negro, ¿Te sientes más cómodo?

No sé, me gusta mucho. Para mí es la manera en la que me puedo expresar mejor. Mis cámaras por defecto hacen fotos en blanco y negro. Puedo hacer color, tampoco se me hace difícil, pero el blanco negro es más natural aunque es más difícil de hacer. Siento que me ayuda a componer mucho mejor, todo tiene que quedar más limpio. Creo que mi blanco y negro de ahora es muy diferente al de la Torre de David, aquél fue como muy inocente. Ahora con el tema de la violencia, tienen un tono más oscuro, que atemorice un poco sobre lo que pasa aquí.
Caracas es muy violenta pero hay que tratar de vivir a pesar de la violencia. Tu sabes que la situación es mala, pero no puedes dejar de vivir, no puedes perderte la vida por eso.

¿Cuáles son los principales dificultades que enfrenta un fotoperiodista en Venezuela?
La censura, en el sentido de que nunca van a dejar a que hagas la foto. Tratan de detenerte, de quitarte la cámara… El momento más tenso es cuando llegas y intentas ver de qué ánimo está la policia. Durante las protestas, desaparecieron cámaras y no las devuelven. Les pasó a dos fotógrafos extranjeros, uno de ellos dice que le torturaron.

Alejandro_dentro_sombras

Le pregunto que si ha sufrido torturas. Me enseña una marca de una quemadura de un encendedor de coche en su brazo. Hacía pocas semanas que trabajaba en el diario Últimas Noticias y le mandaron a fotografiar los exteriores de una cárcel el día de la Madre. Tenía 22 años. La Guardia Nacional le tuvo retenido 5 horas y sufrió malos tratos y golpes. Ese día decidió que quería ser fotoperiodista.

Protestas estudiantiles

En febrero de 2014 una ola de protestas de los estudiantes tomaron las calles de las principales ciudades de Venezuela. El fotógrafo oficial de AP estaba cubriendo una reunión de jefes de estado en Isla Margarita. Alejandro cubrió para AP las primeras revueltas en Caracas. Aquél 14 de febrero tenía que ser una manifestación tranquila, pero desde el primer día fueron muy violentas. Era la segunda vez que Alejandro iba a cubrir protestas. El primer día murió un estudiante, Bassil da Costa. Alejandro fue testigo del momento en que una bala le alacanzó. Poco después el joven murió. Su relato sobre aquella mañana puedes leerla aquí.

“Era la segunda vez en mi vida que cubría una protesta de ese calibre y creo que no estaba preparado. Llevé un chaleco y casco porque me lo mandó un fotógrafo después de verme llegar sin nada”.

“Los siguientes meses no fueron tan violentos, pero al mes y medio habían perdido el propósito. Con el tiempo se fue diluyendo hasta el punto de que siempre estaban los mismos. Yo me negué ir a cubrirlas y menos de noche”.

Fotos Lugar Común: Andrea Daza.

Alecegarra.com

 

 

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