¡Que me devuelvan mi autobús y mi ventana!


Hoy va de buses
. De TMB, de transporte público en Barcelona. Y hoy descubriréis porqué pone eso arriba de “un poco neurótica”.

Si toda esta semana nuestros queridos autobuseros de Barcelona decidieron fastidiarnos, lo peor es que están en su derecho.

Han decidido que llegue tarde a todas las citas esta semana: están en huelga del 3 al 7 de marzo y amenazan con continuar cada jueves -para no perder las buenas costumbres, digo yo-.

Por cierto, ayer casi atropello por detrás a un hombre con la bici en la acera del medio de Gran vía. Me giré, me paré y le pedí mil disculpas. Le había pegado un susto de muerte -tan blanco se quedó que ni pudo maldecirme-.

Pero… ¡aha! Reconocí su chaqueta gris del uniforme de TMB, y esa chapita roja con una mano con dos dedos levantados, el logo de la huelga de los autobuseros, que reivindican dos días de fiesta seguidos. Y pensé: “Si no hicieras huelga, yo estaría subida a un autobús, tú, conduciendo, y entonces no te habría casi-atropellado y pegado este susto de muerte que te has llevado…”.

Pero en fin, hay algo más que siempre me fastidió de los autobuses:

Esos miles de agujeritos que salpican la superficie de la ventana y que pretenden no molestarte.

Esa publicidad que llevan los autobuses pegada a la carrocería, y que con frecuencia también incluye la ventana.

Pero, ¡ay, amigos! ¡Yo quiero mi ventana!.

No pago un billete para ver la ciudad por un minúsculo agujerito que encima me da dolor de cabeza y produce angustia claustrofóbica.

Yo ya pago 1,30 euros (¡y cómo está subiendo!). ¿Por qué entonces tengo que vender mi trocito de ventana, uno de los pocos placeres que nos ofrecen los transportes públicos?

PD: Los de TMB tienen blog con algunos problemas de expresión…

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